Se escribe y se habla tanto sobre el concepto de responsabilidad que al parecer para no pocos ha pasado a ser una mera palabra sin mayor contenido ni menos significativa aplicación en la vida diaria. Y por ello, en la inconsciencia de tal actitud, se incurre en yerros cuyas consecuencias suelen ir mucho más allá del mismo que los comete. Por irresponsabilidad, por no haberle dado la justa y debida importancia al trabajo encomendado o al acto que valga la redundancia -, responsablemente, debió cumplirse.
Y es de tanta trascendencia para un país que sus habitantes asuman responsabilidades y sepan desenvolver sus actividades sin olvidarlas, que donde más abundan los que hacen tabla rasa de ellas, la vida es dificultosa y el progreso nulo o de acción muy retardadas. Mírese si no las naciones prósperas de la época, ¿no ha sido el trabajo responsable, la plena conciencia de las responsabilidades de todo orden, los que han determinado su actual esplendor?
Siempre recordamos el mensaje de un gran pensador a los padres de familia. Veamos alguno de sus conceptos: "He aquí vuestro nuevo deber. Debéis , con los maestros, trabajar por que vuestros hijos sientan plenamente la responsabilidad, inculcar este sentimiento en sus almas y en sus mentes. La nación cuya juventud tenga antes de todo el sentimiento de la justicia y profese el culto de la independencia audaz y noble, será la primera entre todas las naciones. Las proezas son casi siempre obra de la juventud. Hay que infundir confianza y estimación propias a los jóvenes, que sepan responsablemente que la libertad que se les concede es un riesgo y que son ellos nada más los que deben circunscribirla y dominarla".
Todas las virtudes, las más excelsas, carecen de valor si no demostraran en sus actos, que son ejemplo en el cumplimiento de sus responsabilidades. ¿Podría un padre estimarse justo y generoso mientras olvida a sus hijos y los deja sucumbir en el abandono y la desgracia? ¿Quién confiaría en el amigo que eleva templos a la amistad y desconoce a quien consideraba como tal cuando llega la oportunidad de demostrarlo? Y ¿en aquel que dice amar a su tierra y nada hace por engrandecerla y vive sólo usufructuando de ella para su bienestar y riqueza personales?
Mucha gente piensa que no tiene responsabilidad ante nadie ni nada. Vive en forma vegetativa. Podría hasta afirmarse que realmente no piensa, porque hacerlo implica precisamente, tomar conciencia de que nadie, absolutamente nadie, puede existir y convivir sin asumir responsabilidades. Aunque éstas aparezcan, en algunos casos, pequeñas o de escasa monta. Todos, sin excepción, las tienen y los que dicen no tenerlas se engañan a sí mismos, ya que, por lo menos, de una no pueden escabullirse, la más difícil de todas, la de su propia vida. Que no quieran admitirlo, es otra cosa.
Bien, ya que de responsabilidad hablamos ¿podría usted, amable lector, decirnos, en silencio, si asume en plenitud sus responsabilidades? Y te pedimos que seas sincero, convencido de que cualquiera que sea su respuesta tendrá una repercusión favorable. Lo hará meditar sobre un tema que, para usted, nosotros y, especialmente, para Chile, es de suyo importante. Porque en la medida en que asumamos y sepamos cumplir nuestras responsabilidades, la República tomará el ritmo positivo adelanto que, como chilenos, en armónica convivencia debemos ser los primeros en desear y estimular sin reservas.