El hombre y la libertad
Arturo Mardones Segura , Rotary Club Chuquicamata
La libertad, según la feliz expresión de un filósofo, consiste en hacer no lo que se quiere, sino lo que se debe. En otras palabras, la libertad implica no sólo derechos sino también obligaciones, entre las que se cuentan la de contribuir al progreso armonioso y al bienestar de nuestros semejantes, fraternidad, caridad y tolerancia.
El científico Albert Einstein, hablando del contenido espiritual y creador de la vida, expresaba que "la vida en la existencia humana era el aporte que el hombre podía hacer, para asegurar el progreso social, que debe impulsar el régimen de libertad".
Aprovechando estas sabias palabras quisiera exponer finalmente, que lo dicho por Einstein es justamente la actitud activa que debe asumir el hombre de bien para sí y para su comunidad, en función de sus propias capacidades y limitaciones.
Los hombres de bien debemos ser incansable trabajadores en la lucha por llegar a hacer entender a todos los hombres de la faz de la tierra, la necesidad de que el hombre le entregue al hombre, la libertad plena en sus tres aspectos básicos y en todos sus múltiples roles dentro de la vida interior, pública y privada del ser, tanto en el contexto individual, como en el contexto comunitario. Recordemos lo que decía Goethe: "sólo merecen la libertad aquellos que luchan por ella". Cada uno de nosotros tiene una escala de valores y vive inmerso en una cultura que determina nuestro comportamiento y nuestras creencias. De alguna manera, para poder sobrevivir en este mundo globalizado, integrado y actualmente interactivo, aceptamos y dirigimos nuestra forma de vida hacia la aceptación laboral y social. Sin embargo, muy al interior de nosotros existe un juez implacable que es nuestra propia conciencia, y nos hace ver el sentido valórico de nuestras acciones y decisiones. Entonces seremos libres en la medida que exista una perfecta armonía entre nuestro pensar, actuar y sentir, lo seremos en la medida que no se produzca en nosotros la menor duda, que no sepamos resolver, en la toma de decisiones en los momentos más álgidos de nuestra existencia; lo seremos si no se produce cada cierto tiempo la inquietud sobre el adecuado proceder en lo que estamos realizando. Seremos libres, finalmente, cuando aceptemos los derechos de los demás, sus propias libertades y necesidades, sin pretender imponer a la fuerza nuestras verdades. Seremos libres de pensamiento y conciencia cuando asumamos que somos seres humanos e imperfectos, pero capaces de perfeccionarnos a través de la lucha personal por el derecho a dudar de lo impuesto, cuando dejemos el temor en otro lugar, nos habremos librado de la inquisición, la mayor de las veces personal. Seremos libres cuando tengamos fe en nosotros mismos.