Nuestra Antofagasta soñada
LA REGIÓN QUE SOÑAMOS. Yovana Ahumada, diputada.
"Antofagasta no es solo una región; es un pilar fundamental de Chile. Desde su historia heroica hasta su impacto cultural y económico, nuestra tierra es única". Yovana Ahumada Diputada
Antofagasta no es solo un lugar; es el reflejo del alma de su gente. Aquí, en el rincón más árido del mundo, cada amanecer es una promesa de esfuerzo y superación. Esta región, tallada por el viento y el sol, ha sido testigo de historias de sacrificio, valentía y esperanza que han dado forma no solo a su carácter, sino también al de todo Chile.
Desde la llegada del "Chango López", quien levantó la primera vivienda en estas tierras en 1866, hasta los obreros salitreros que forjaron los derechos laborales, nuestra historia está repleta de personajes y eventos que hablan de lucha y resiliencia. Cómo no recordar a Domingo Johnson, aquel joven grumete de 14 años que entregó su vida en la Batalla de Angamos, marcando un hito en nuestra historia y convirtiéndose en un símbolo del compromiso antofagastino con Chile.
Somos herederos de un legado forjado en el desierto. El auge del salitre transformó nuestras tierras en el motor económico del país, pero también nos enfrentó a desafíos extremos. Nuestros abuelos y bisabuelos enfrentaron largas jornadas laborales en condiciones inhumanas, viviendo en oficinas aisladas donde las carencias eran la norma. En ese contexto surgió la Masacre de Plaza Colón, en 1906, un episodio doloroso pero necesario para entender nuestra identidad: una región que jamás ha bajado los brazos ante la adversidad.
Hoy, el cobre y el litio nos colocan nuevamente en el centro del desarrollo económico. Antofagasta es el corazón productivo de Chile, pero no podemos reducirnos a ser solo el "sueldo de Chile". Nuestra región es mucho más que minería; es historia, naturaleza, cultura y sueños.
El desierto de Atacama, el más árido del mundo, guarda secretos milenarios. Los geoglifos de Chug-Chug y los pictogramas del Cerro Pintado nos hablan de civilizaciones que entendieron y respetaron esta tierra mucho antes que nosotros. Estos antiguos habitantes dejaron huellas que hoy nos conectan con un pasado que debemos preservar y valorar.
Nuestra biodiversidad también es única. Desde los pingüinos de Humboldt que habitan nuestras costas hasta las especies que sobreviven en las condiciones extremas del desierto, Antofagasta es un refugio natural que merece ser reconocido como patrimonio de la humanidad. Incluso nuestros paisajes desérticos esconden fósiles y hallazgos paleontológicos que fascinan a científicos y turistas por igual.
Pero no todo es historia y naturaleza. Los antofagastinos, con su espíritu resiliente, enfrentan día a día nuevos desafíos. La sobrepoblación urbana, la contaminación y el impacto del cambio climático son problemas que no podemos ignorar. Calama, Sierra Gorda y otros sectores sienten en su piel las consecuencias de un desarrollo económico que muchas veces ha dejado de lado a las comunidades.
Sueño con una Antofagasta que priorice a su gente. Una región donde la salud, la educación y la calidad de vida sean derechos garantizados, no privilegios. Una tierra que valore a sus trabajadores y proteja su medio ambiente. Quiero que nuestras ciudades sean lugares donde nuestros hijos puedan crecer sanos, felices y orgullosos de su herencia.
Antofagasta también tiene un enorme potencial turístico que aún no hemos explotado del todo. Imaginemos un futuro donde turistas de todo el mundo recorren el Parque El Loa, visiten Chuquicamata como un destino histórico y disfruten de nuestra costa llena de vida. Soñemos con una región que combine desarrollo sostenible con un turismo respetuoso de su entorno y su cultura.
Nuestra región ha dado mucho a Chile, pero también necesita reconocimiento y cuidado. No podemos permitir que el sacrificio de nuestras familias quede en el olvido. Cada antofagastino lleva en su sangre el legado de héroes y trabajadores que construyeron esta región, y es nuestra responsabilidad honrar ese legado construyendo un futuro mejor.
Antofagasta no es solo una región; es un pilar fundamental de Chile. Desde su historia heroica hasta su impacto cultural y económico, nuestra tierra es única. Y así como nuestros antepasados lucharon por una vida mejor, hoy nos toca a nosotros soñar y construir la Antofagasta que queremos para las próximas generaciones.
Quiero una Antofagasta reconocida por su gente, por su biodiversidad, por su historia y por su contribución al país. Quiero que cada niño que crezca aquí sepa que pertenece a una tierra extraordinaria, llena de oportunidades y valores.