Enseñar siempre
LA REGIÓN QUE SOÑAMOS. Marcela Mercado, gestora cultural.
"Siendo la región más rica de Chile, nuestros indicadores en educación están en los últimos lugares dentro de Chile. El desafío es, pues, muy grande y muy sencillo: un trabajo comprometido para que la educación en nuestra región tenga un nivel de equilibrio". Marcela Mercado Gestora cultural
La educación es un pilar fundamental para el desarrollo de niños, niñas y adolescentes, ya que fomenta conocimientos, valores y habilidades necesarias para la vida en sociedad. Es, además, un derecho garantizado en la Convención de Derechos del Niño, aprobada el 20 de noviembre de 1989 por Naciones Unidas y suscrita por nuestro país el año 1990. Así, el artículo 28 de la Convención mandata a los Estados partes a : "e) Adoptar medidas para fomentar la asistencia regular a las escuelas y reducir las tasas de deserción escolar." con el fin de garantizar "el derecho del niño a la educación y, a fin de que se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de igualdad de oportunidades".
A pesar de los grandes avances y progresos en ciencia y tecnología, en Chile, el abandono escolar persiste como un desafío crítico. Actualmente más de 180.000 menores de edad no han completado la educación media y se encuentran fuera del sistema escolar; el año 2023, aunque la asistencia escolar mejoró levemente respecto al 2022, alcanzando un 85%, sigue cinco puntos porcentuales por debajo de los niveles prepandemia. Al momento de analizar a los actores involucrados, podemos concluir que, la deserción escolar afecta principalmente a niños, niñas y adolescentes entre 7 y 15 años, de zonas vulnerables, quienes, pese a su capacidad de aprendizaje y potencial para romper el ciclo de pobreza, enfrentan baja autoestima, falta de habilidades socioemocionales y problemas económicos, sociales y familiares que elevan la tasa de deserción al 1,66%.
Entonces, la pregunta urgente es: ¿cuál es la estrategia que debemos elaborar como región, para reforzar el vínculo de los estudiantes con la escuela? ¿Cómo fortalecemos su motivación? ¿Cómo construimos relaciones significativas entre los estudiantes y docentes, elemento clave para prevenir la deserción?
Sabemos que el apoyo familiar y el uso positivo del tiempo libre son factores protectores esenciales, mientras que la falta de apoyo socioeconómico y la exposición a conductas de riesgo agravan el problema. En concreto, en nuestra región la pobreza, el desempleo, la necesidad de trabajar durante la adolescencia y la parentalización de los niños (los niños mayores deben abandonar la escuela para quedarse a cargo de sus hermanos menores, mientras una madre mono sostenedora trabaja) son obstáculos clave para la continuidad educativa.
Los encargados de su educación, como docentes y personal escolar, poseen experiencia, pero están limitados por la sobrecarga laboral, métodos tradicionales y falta de recursos. Los padres, en algunos casos, priorizan necesidades inmediatas sobre la educación debido a factores culturales y económicos, lo que genera resistencia a programas innovadores. Los financiadores, como el gobierno y empresas privadas, pueden aportar soluciones a gran escala, pero enfrentan procesos burocráticos y restricciones presupuestarias. Por último, los líderes comunitarios, quienes tienen una conexión directa con las familias y capacidad de movilización de ellas, suelen verse obligados a centrarse en problemáticas más urgentes, lo que limita su involucramiento en la promoción de la educación como herramienta transformadora.
En nuestra región, es necesario corregir que, a pesar de tener el PIB per cápita similar al de Italia, Antofagasta tenga ciertos indicadores que pueden corresponder a un país subdesarrollado. Siendo la región más rica de Chile, nuestros indicadores en educación están en los últimos lugares dentro de Chile. El desafío es, pues, muy grande y muy sencillo: un trabajo comprometido para que la educación en nuestra región tenga un nivel de equilibrio, la capacidad de innovar, la capacidad de formar personas que sean felices en la región y no se quieran ir, personas que no pierdan la esperanza en futuro. El primer paso en esta tarea es lograr la DESERCIÓN CERO, que ningún niño, niña o adolescente de nuestra región abandone la Escuela.
Esta tarea no es sencilla, requiere de muchas voluntades, pero, por sobre todo, requiere de un gran marco teórico y ejercicio de pensamiento.
La educación no es solo una sala de clases. Sí, la sala es indispensable, las metodologías de enseñanza son importantes, cada detalle cuenta. Pero lo que hemos aprendido es que lo que realmente define la educación es su capacidad de ser el puente entre el hogar y la comunidad. La educación debe ser el espacio donde cada individuo aprende a comportarse en sociedad, a trabajar en equipo, a aportar, a crecer emocionalmente, a ser parte de algo mayor.
Asegurar la permanencia de nuestros niños y niñas en la Escuela es la más grande tarea que tenemos por delante en Antofagasta. Dejar de ver la educación como un mecanismo frío de transmisión de contenidos y empezar a verla como lo que es: el centro de nuestra comunidad, la base de nuestro desarrollo y el lugar donde convergen todas nuestras esperanzas.